Eran tipo dos de la mañana, estaba a punto de escribirle, estaba a punto de arrepentirme, me moría por explicarle que mis problemas de ansiedad hicieron que me adelante una vez más a los hechos... Me sentía súper incomoda y empecé a darle importancia a la bulla de la calle, al sonido del mar, veía el color de la noche, sentía la vibración del celular y todos los silencios unidos que me decían: "Llámalo, dile que la cagaste, dile que te perdone…"
Esa madrugada, una vez más sentí ansiedad, porque a veces pasa que sentimos que rehacer nuestras vidas y volver a empezar es casi imposible. Cuando tomamos el valor de avanzar, aparecen las heridas ganadas con lo vívido y nos hacen pensar de más, tener miedo y detenernos.
Mientras intentaba ganarle al insomnio, de repente entró una fuerte luz por mi ventana, y rapidamente me hizo recordar aquel consejo que una vez él mismo me regaló: “Mujer aprende a tener el coraje de ser consecuente entre lo que piensas y lo que haces.” Y es ahí cuando reaccioné, esa la luz detuvo a mi perturbada mente, cerré mis ojos con fuerza, me tapé la cara con la sábana y me obligué a ser racional y dormir.
Toda la mañana estuve flagelándome, pensando en porqué me costaba tanto ser consecuente, sentía que el miedo a lo incierto, a lo que dejaba ir, me definía.
¿Pero seré yo la única? A veces él me hacía sentir que lo era, que solo él podía entenderme y que estaría perdida si algún día llegábamos a separarnos.
Madurar duele, soltar duele, aceptar que algo terminó o no funcionó duele, entender que fallaste cuesta, ser consecuente cuesta, pero intentar empezar de nuevo requiere de muchísimo valor y fuerza.
Escribiendo esto, que aún no sé qué es, solo intento ayudar a que no se sientan solas aquellas personas que quizás están pasando por lo mismo.
Todo pasa, sean valientes, seamos consecuentes en nuestras decisiones y aprendamos todos a nunca quedarnos inmóviles por el miedo.
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